Hülya Özdemir viene de Estambul y vive desde hace unos años en Bodrum, en el Egeo meridional. Ya en edad escolar sabía que quería ser artista. Sin embargo, primero estudió música. Dibujar era su pasión, en especial dibujar mujeres.

Hülya se llama a sí misma artista feminista y «sus mujeres» tienen un mensaje. Con sus obras quiere mostrar que las mujeres deben tener más presencia, que deben estar en el mundo con todas sus facetas y reclamar un espacio propio.

Hülya pinta con acuarelas y óleos. Los motivos finos, en cambio, los dibuja con lápices, y algunos incluso los ilustra en el ordenador.

Se deja inspirar, por ejemplo, por los rostros de sus amigas o por la gente de su pueblo. Escucha mucha música y los títulos de sus trabajos los encuentra casi siempre en letras de canciones.

Casi todas las mujeres que pinta tienen una melena gigantesca. Ese cabello representa sus pensamientos, sueños y palabras. Sus mujeres son seguras de sí mismas, orgullosas y sostienen las miradas. Joyas pesadas, vestiduras llenas de color, redondeces femeninas. Las figuras de Özdemir son clásicamente femeninas.

En los cuadros de Hülya Özdemir no hay minimalismo alguno, son coloridos y juguetones, y es intencionado. A través de las redes sociales la artista se ha hecho muy conocida y famosa. La propia Hülya dice:
«Sencillamente puse en mi ventana una bonita maceta con una planta. Y la gente que pasaba se detenía y miraba con más atención la planta de mi ventana. Yo simplemente pinto o dibujo y comparto imágenes de ello en Instagram o Facebook. Quien aprecia mi arte lo comparte con otros, y así la cosa cobró vida propia. Nunca le envié a nadie mi portafolio, la gente sencillamente me encontró. Para mí es una ventana al mundo.»